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La Segovia Desconocida

La Judería

Segovia árabe

Personajes

Leyendas

Otras historias

Segovia en la literatura


LA JUDERÍA

La fecha de 1215 es la que marca inequívocamente la presencia judía en Segovia, no obstante esta presencia habría que remontarla hasta finales del siglo XI.

Los lugares donde existió asentamiento de población judía en Segovia estaban en torno a la actual plaza de la Merced y las parroquias de San Miguel y de San Andrés, todos ellos dentro de la ciudad amurallada. El año 1412 (Pragmática de Catalina de Lancaster) marcó un hito en la aljama de la ciudad ya que en virtud de las Leyes de Ayllón se obligó a un agrupamiento en un espacio que comprendía desde la Almuzara hasta el tramo de muralla situado entre el antiguo matadero y la puerta de San Andrés. Finalmente en 1480 se decreta por parte de los RR.CC. un confinamiento, que se cumplió, en torno a una ubicación que partía de la actual Iglesia del Corpus Christi (antigua Sinagoga Mayor) y que se extendía hasta la plaza del Socorro. Recinto cerrado por siete puertas y cuyo eje principal fue la actual calle de Judería Vieja hasta la Puerta de San Andrés.

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La Judería. Calle Santa Ana

Sinagoga Mayor (actual Convento del Corpus Christi)

Es la sinagoga que mejor se ha conservado de las cinco que existieron en la aljama segoviana.

Consta de una sala hipóstila dividida en tres naves, separadas por arcos de herradura y pilares octogonales rematados con capiteles de piñas y roleos. Sobre las naves laterales existe una galería corrida compuesta por arcos de herradura intercalados con arcos pentalobulados cuyos intradoses están decorados con palmetas.

Las primeras documentaciones sobre el templo datan del siglo XIV pero todo parece indicar que la construcción sería del siglo XIII.

En 1410 la Corona se incauta de la Sinagoga, dentro de las tensiones acumuladas que se habían iniciado en Sevilla en 1391 (concretamente en Ecija), consagrándose como iglesia muy poco tiempo después. Actualmente pertenece a la Orden de las Monjas Clarisas.

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Antigua Sinagoga de Corpus Christi

Paseos por las calles del barrio judío

El barrio judío es un barrio medieval, que nos permite penetrar en un camino de encuentro con el pasado, en un deseo de mostrar las calles, las casas, los corrales donde hombres y mujeres tuvieron su vida y la de sus hijos. Lugares por los que las pisadas de generaciones de judíos anduvieron y que todavía hoy resuenan en nuestros oídos, en nuestro lenguaje, en nuestra cultura. Calles tan evocadoras en su arquitectura como en sus nombres: Judería Vieja, Judería Nueva, Calle de Santa Ana, Corralillo de los huesos...

Puerta de San Andrés (Espacio Informativo de la muralla)

La puerta de San Andrés, alberga el espacio informativo de la muralla y está ubicada en el lienzo que se extiende desde el Alcázar hasta el Postigo de la Luna. Cerraba la muralla medieval de la ciudad, dando paso al cementerio judío, con el que estaba unido a través del puente de la Estrella.

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Puerta de San Andrés. Interior

Cuenta a través de paneles explicativos el funcionamiento de cierre de la puerta de rastrillo así como los diferentes tramos de la muralla que puede apreciarse casi al completo. Pueden ser visitados tanto el cuerpo de guardia como el adarve (unos 300 m. practicables).

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     Casa del Sol. Carnicería Judía

La carnicería

La antigua carnicería judía es hoy la sede del Museo Provincial. La ubicación de la carnicería junto a los puntos de desagüe de la muralla facilitaba la evacuación de la sangre y de los despojos de los animales sacrificados.

Centro Didáctico de la Judería (Casa de Abraham Senneor)

El centro tiene como objetivo mostrar, enseñar y divulgar a los visitantes la cultura judía, por medio de paneles informativos, proyecciones y una innovadora proyección en tres dimensiones tecnología audiovisual. Su finalidad es ser el eje que permita la comprensión y visualización del espíritu del barrio que albergó una de las poblaciones judías más numerosa de la corona de Castilla.

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Centro Didactico de la Judería.
Casa de Abraham Seneor

Aporta datos específicos sobre la Aljama de Segovia y sus habitantes, en especial Abraham Senneor, judío destacado en su sociedad que fue dueño de la vivienda que hoy ocupa el Centro.

Además el Centro cuenta con una tienda especializada en hebraica donde se pueden adquirir productos, objetos y libros relacionados con esta cultura.

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     Cementerio Judío

Cementerio Judío

El cementerio judío se situaba en la ladera izquierda del río Clamores y abarcaba el espacio amurallado comprendido entre la Puerta de San Andrés y la Casa del Sol.

No es posible establecer una datación cronológica con un mínimo de precisión dada la ausencia de losas sepulcrales que nos dieran alguna información. Sí es posible en cambio saber la orientación de los sepulcros (cabecera - oeste y pies -este) tras las sucesivas campañas arqueológicas.

El acceso al cementerio es libre y se encuentra señalizado desde el barrio judío.

 

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SEGOVIA ÁRABE

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     Alfarje. San Millán

Esta denominación corresponde al actual barrio de San Millán, donde fueron apartados los musulmanes de Segovia durante los siglos XV-XVI y principios del XVII cuando se da fin a su presencia; antes del siglo XV los "moros" segovianos vivieron como el resto de habitantes, en diversos barrios de la ciudad durante los casi 1.000 años que Segovia tuvo vecinos de religión islámica.

De lo que conocemos de aquellos habitantes se puede deducir que eran gente humilde, laboriosa y no propensa a litigar ni con cristianos ni con judíos. De su forma de ser y de su cultura perduran en nuestra ciudad dos grandes manifestaciones: la organización del regadío y la agricultura especialmente en el barrio de San Lorenzo y la arquitectura, que se manifiesta en el estilo mudéjar segoviano.

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Monasterio de San Antonio el Real.
Interior

Queda pendiente el análisis de documentación existente de diferentes archivos para reconstruir con fiabilidad la vida de la morería segoviana. Actualmente se transcribe la documentación depositada en el Archivo de Simancas que se refiere a esta población. De esa documentación se deduce que no dispusieron de grandes edificios ornamentales tanto para el culto como para su vida normal pues nada de ellos ha quedado escrito; sí está documentada la existencia de dos mezquitas (o Al Magy) a principios del siglo XVI, una en el barrio de San Martín y otra en el de San Millán. Esas mezquitas debían ser similares a sus contemporáneas aragonesas, en su disposición (con patio, sala de oración y pequeños edificios, adosados a la mezquita, destinados a escuelas o madrasas). Se dispone del dibujo completo del barrio de la Morería realizado por el pintor A. Van Deer Wyngaerde en el siglo XVI.

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     Semana de la cultura árabe

Conocemos litigios internos de los musulmanes segovianos (inclusos con los alcaldes de la Morería) o externos con judíos y cristianos en lo referente al culto de su religión o costumbres (lugares de ubicación de los burdeles). En su vida ordinaria tuvieron, está documentado, algún problema en sus trabajos de albañilería. En general pagaban menos impuestos que sus vecinos de la Judería pero tuvieron también, como aquellos, que pagar impuestos para financiar la guerra de Granada.

Este barrio, de gente humilde y laboriosa, aportó escritores o pensadores de reconocido prestigio dentro de la cultura musulmana como el alfaquí Iça Gebir, muftí y alfaquí de su Alhama (Morería).

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Zambra moriscos

La presencia de la comunidad musulmana en nuestra ciudad dejó una huella profunda y todavía visible: caceras para el regadío de huertas, restos de molinos en las riberas del Eresma, tramos y puertas monumentales en la muralla, el revoco de las paredes de los edificios llamado esgrafiado segoviano, la arquitectura de ladrillo y tapial, etc. Permanecen aún dos, podemos decir, tesoros del arte islámico en Segovia como son las pinturas mudéjares del Torreón de Hércules y los restos de techumbre del arte taifal de la iglesia de San Millán; se puede también mencionar el Palacio Real de San Martín o el Convento de San Antonio El Real. Todo ello nos recuerda a aquellos antepasados de nuestra ciudad que con su vida y esfuerzo contribuyeron a configurar Segovia tal y como es.

Descargar semana de la cultura árabe

 

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PERSONAJES

San Frutos nació en Segovia en el año 642. Sus hermanos Valentín y Engracia, también segovianos, fueron igualmente elevados a los altares. Ya en edad madura, Frutos repartió sus riquezas entre los pobres y se retiró a meditar en el incomparable paraje de las Hoces del Duratón donde, según recoge la tradición, hizo muchos milagros, entre ellos el de "la Cuchillada", un tajo hecho en la roca, que cortó con su cayado para librar a los cristianos de la persecución de los musulmanes. Santo popular y sencillo que la tradición presenta como amante de los pájaros, es el Patrón de la ciudad, que celebra su festividad el día 25 de octubre.

Juan Arias Dávila representa los valores culturales de la Segovia de fines del siglo XV y su tránsito al Renacimiento. Fue obispo de Segovia y supo recoger el legado mudéjar y gótico; reunió una importante biblioteca que legó a la Catedral y con su patrocinio se instaló en la ciudad la primera imprenta que funcionó en España, la de Juan Párix, y en la que se imprimió, como primer texto, el Sinodal de Aguilafuente.

Andrés Laguna, médico y filólogo nacido en Segovia en 1499, alcanzó prestigio internacional como médico personal del Papa Julio III y del Emperador Carlos I. Su fama fue propagada incluso por Cervantes en su Quijote. Publicó 25 obras, entre ellas las famosas Anotaciones a Dioscórides. A pesar de su fama se dice que el sabio no dejó fortuna. Sus restos están depositados en la Iglesia de San Miguel.

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Estatua de Juan Bravo

Juan Bravo fue uno de los más prestigiosos caballeros de su tiempo, que ha pasado a la historia como héroe comunero. Junto con Padilla y Maldonado, se levantó en armas contra los abusos de los gobernantes extranjeros de Carlos I. Tras la derrota de Villalar en abril de 1521, fue decapitado junto a sus compañeros.

Diego de Colmenares, cura de la desaparecida Iglesia de San Juan, consultor del obispo, con amplios conocimientos en Geografía e Historia, se dio a conocer por su célebre Historia de Segovia (1637), referencia clave para conocer las raíces de la ciudad. Colmenares -que necesitó 17 años para confeccionar la obra- fue enterrado en la misma iglesia donde ejerció como párroco.

 

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LEYENDAS

Leyenda de la Mujer Muerta

El perfil que dibuja sobre el cielo la silueta de la montaña conocida como la Mujer Muerta, es un capricho geológico, interpretado desde el prisma popular y legendario de la siguiente manera: la esposa del jefe de una tribu que vivía en el cerro del Alcázar, muerto aquél, crió a dos hermosos niños gemelos que, con el tiempo, se enfrentaron para asumir el liderazgo del pueblo.

La madre, desesperada ante la posible lucha fratricida, ofreció a Dios su vida a cambio de la supervivencia de sus vástagos. Cuando éstos iban a pelear, una ventisca seguida de una formidable nevada -en pleno verano- se lo impidió. Disipado el temporal, los hermanos comprobaron que una montaña cubría lo que hasta entonces había sido llanura. Dios había aceptado el sacrificio de la mujer, cubriendo su cuerpo yacente con nieve.

La leyenda dice que dos pequeñas nubes se acercan al atardecer a la montaña: son los dos hijos que besan a su madre.

Leyenda del Acueducto

Según la leyenda, fue la pereza y no Roma la madre del Acueducto. Una muchacha que trabajaba como aguadora, harta de arrastrar el cántaro por las empinadas calles de la ciudad, aceptó un trueque con el diablo: dispondría del alma de la mujer si, antes de que cantara el gallo, el agua llegaba hasta la puerta de su casa.

Consciente de su culpa, la joven rezó hasta la extenuación para evitar el trueque pactado. Mientras, una tormenta se había desatado y el demonio trabajaba a destajo. De pronto, el gallo cantó y el Maligno lanzó un alarido espeluznante: por una sola piedra sin colocar había perdido el alma.

La muchacha confesó su culpa ante los segovianos que, tras rociar con agua bendita los arcos para eliminar el rastro de azufre, aceptaron felices el nuevo perfil de la ciudad.

Un pequeño hoyo en la superficie de las piedras señala, según esta leyenda, el punto en el que los dedos del diablo presionaron.

Leyenda de la conquista de Madrid por los segovianos y origen de los Nobles Linajes

Durante siglos, el gobierno de Segovia estuvo detentado por regidores que se dividían en dos grupos, cada uno de ellos vinculado a uno de los Nobles Linajes de la ciudad que, según la leyenda, tienen su origen en esta gloriosa gesta.

Cuando el rey Alfonso VI se propuso la conquista de Madrid, llamó a las milicias concejiles y las de Segovia, mandadas por los capitanes Fernán García de la Torre y Día Sanz de Quesada, llegaron tarde al campamento. Pidieron alojamiento pero el rey, disgustado por la tardanza, les respondió que se alojaran en Madrid. Los segovianos tomaron aquello como una orden, asaltaron las murallas y ellos solos conquistaron la ciudad, enviando a decir al rey que viniese a aposentarse a Madrid, donde ellos ya tenían aposento. Don Alfonso les concedió muchas mercedes a los dos capitanes, cabeza de los Nobles Linajes de Segovia.

Leyenda del Cristo de Santiago

Este Cristo crucificado, actualmente en la iglesia de San Esteban, procede de la desaparecida iglesia de Santiago y fue el inspirador de una leyenda eclipsada por la que, en la época romántica, el poeta José Zorrilla atribuyó al toledano Cristo de la Vega.

Había en esta ciudad de Segovia -escribió su creador, Lorenzo Calvete- una doncella muy virtuosa por cuyos amores andaba un mozo loco y perdido. Los desatinos del mozo eran muchos y la doncella andaba temiendo cualquier desastre cuando un día, hallándose ésta rezando ante el Cristo de Santiago, el mozo se acercó y le prometió que si consentía en entregarse se casaría con ella. Sin embargo, una vez que la hubo conseguido, el mozo no mostró intención de cumplir su promesa, a lo que la joven decidió acusarle ante el obispo. Preguntó éste si había algún testigo y como la muchacha señalara al Cristo de Santiago, el obispo acudió a tomarle juramento, cosa que el Cristo hizo, desclavando su mano y poniéndola sobre los Evangelios.

Leyenda de María del Salto

En las rocas que rodean La Fuencisla, las Peñas Grajeras, las voces más antiguas cuentan que quisieron despeñar a una mujer judía, Esther, acusada falsamente de adulterio. En ese momento, la joven confesó su fe cristiana y se encomendó a la Virgen, obrándose el milagro de alcanzar la tierra sin sufrir ningún daño. Tras el suceso, fue bautizada como María del Salto y se consagró al servicio de la Catedral de Segovia.

Leyenda del príncipe y la el aya

El balcón central de la Sala de los Reyes muestra una cruz que rememora un suceso del que los siglos han cuajado dos versiones. La más legendaria cuenta que, estando el infante D. Pedro de Castilla, hijo de Enrique II el de las Mercedes, en el balcón en brazos de su aya, resbaló y cayó al vacío.

El aya, atemorizada, se lanzó tras el niño. La versión histórica apunta que el infante, de 12 años, cayó mientras jugaba a la pelota con sus amigos.

Leyenda de la sala del cordón

Un cordón realza el techo de una de las salas principales del Alcázar. Según la tradición, el relieve fue encargado por la reina Violante como lección de humildad para su esposo Alfonso X el Sabio.

Al parecer, su sabiduría y soberbia eran parejas, y llegó a afirmar que Dios hubiera hecho bien en pedirle consejo antes de crear el Universo. Fray Antonio de Segovia le suplicó que confesara su pecado, pero El Sabio, orgulloso, se negó. Entonces se desató una terrible tormenta, y un rayo atravesó las estancias reales, matando a varios cortesanos. Fue entonces cuando el monarca dio su brazo a torcer y cumplió su penitencia; su mujer aprovechó para encargar el friso, un amuleto encargado de calmar la habitual ira de su esposo.

Leyenda de la Fundación del Monasterio del Parral

Al fondo de la pina calle que desde el río conduce al Monasterio del Parral hay una lápida con esta inscripción: "Traidor, no te valdrá tu traición pues si uno de los que te acompañan me cumple lo prometido, quedaremos iguales". Al viajero pueden extrañarle los términos en que está redactada la inscripción en el camino que lleva a un recinto religioso.

Cuentan que Juan de Pacheco, marqués de Villena y valido de Enrique IV, fue un hombre que, por su ambición, tuvo muchos enemigos y que uno estos le retó a duelo junto a la ermita de la Virgen del Parral.

Bajó el de Villena el día ajustado y se encontró con que su enemigo estaba allí pero no solo, sino acompañado por dos hombres. Se sintió perdido, dirigió una plegaria al cielo y tuvo una reacción rápida, dirigiéndose a su rival con la frase grabada en la lápida. Cada uno de los acompañantes pensó que era el otro quien se había vendido y combatieron entre ellos mientras el de Villena lo hacía con el retador, venciéndole. El marqués agradeció el haber salido bien de tan comprometido trance, transformando la humilde ermita en amplio y rico monasterio.

Leyenda del Corpus Christi

Frente a la entrada de la Iglesia de Corpus, un lienzo narra la leyenda de la profanación de una Hostia por los judíos. El sacristán de San Facundo entregó la custodia en la calle del Mal Consejo (todavía existente), y los judíos quisieron echarla en una gran caldera hirviente. En ese momento la Hostia empezó a volar por el aire y un terrible estallido provocó el hundimiento del edificio. Desde entonces, en desagravio, se celebra la Fiesta de la Catorcena, por las catorce parroquias que existían en la ciudad.

Leyenda de la calle de Muerte y Vida

El nombre de la calle de Muerte y Vida recuerda un episodio ocurrido en tiempos de las Comunidades, cuando se acusó injustamente a un hombre de traición. Cuando le llevaban a prisión, una mujer que residía en la calle arengó a los captores, pidiendo la muerte del apresado y arrojando una soga desde su ventana. Finalmente, la prudencia prevaleció sobre la ira del populacho. La casa fue derribada, pero la ventana se conserva en el Museo Provincial.

 

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OTRAS HISTORIAS

El montón de trigo y el montón de paja

A siete kilómetros de Segovia hay un pueblito pequeño, llamado Torredondo. Allí se desarrolló la siguiente leyenda. Ocurrió en verano, época de la recolección, cuando los campesinos estaban en plena faena. Como había sido un año con buena cosecha, los bueyes tenían más trabajo del habitual tirando de las carretas llenas de espigas. Los habitantes del pueblo, contentos por la cosecha, hacían cálculos sobre las ganancias que iban a tener.

En una de las eras que había al final del pueblo, en la que había más grano que en ninguna, la trilla ya estaba terminada. Su dueño, poseía también la mejor casa, el corral más repleto, la despensa más surtida, y una bodega completamente llena de vinos. El dueño de todo esto, era considerado, con todas las de la ley el hombre más rico de todo el pueblo. Aunque también tenía la fama de ser el más tacaño.

Estaba un día tan opulento labrador aventando un montón de trigo cuando pasaron unos mendigos y le pidieron una limosna. El avaro labrador contestó que no tenía nada que ofrecerles. Uno de los mendigos le preguntó cómo podía eso ser posible viendo el enorme montón de grano que se encontraba ante sus ojos; a esto les respondió el labrador que aquello que veían no era trigo sino tierra. El pobre le replicó: "Permita Dios que se vuelva tierra". Y poco después la maldición se cumplió.

La toca de la Virgen

Hace muchísimos años, una pobre mujer que vivía en nuestra ciudad se quedó viuda. Cuando vivía su marido, esta buena mujer, se dedicaba a criar gusanos de seda como distracción, pasatiempo que se había convertido ahora en su principal medio de sustento.

Las hábiles manos de la mujer convertían los capullos de los gusanos en preciosa seda, y la seda, en preciosas prendas de vestir como pañuelos, cintas, bandas, pero sobre todo bellísimas tocas, que habían adquirido enorme fama en la provincia.

Una mañana, como de costumbre, fue a visitar a sus gusanitos, y la pobre señora casi se muere del disgusto. Todos estaban enfermos, apenas habían comido y no podían moverse de debilidad.

La mujer, asustada, salió corriendo a la entonces ermita, que luego se convirtió en Santuario para rezar con todas sus fuerzas a la Virgen de la Fuencisla, Patrona de la ciudad. Una vez allí prometió a la Virgen, que si hacía que se curasen sus gusanos, tejería para ella la más bella toca que jamás se había visto.

Su fe hizo que al llegar a su casa encontrara a sus gusanos ya curados y tejiendo otra vez hermosos capullos con los que hilar la seda que después trabajarían las primorosas manos de la viuda. Y tuvo tantísimo trabajo que se la olvidó la promesa que había hecho.

Llegó el día de la Fiesta, y con él la Romería de la Virgen. La viuda dejó de tejer, cubrió su cabeza con una mantilla, cogió su rosario y un cirio y bajó la cuesta hacia el Santuario acompañada de vecinas y amigas.

Al llegar al Santuario, lo primero que hizo fue ver a la Virgen, arrodillándose ante ella como lo hizo cuando creyó que ya no tendría un pedazo de pan para comer al haber enfermado todos sus gusanos. Y cayó en la cuenta de su olvido.

- "¡Qué ingrata he sido! La Virgen me ha ayudado y yo no he cumplido la promesa que la hice. ¡Virgen María, perdóname! Sabes que ha sido involuntario. Sabes que mi vida es muy triste y que me paso el día trabajando. Te aseguro que en cuanto llegue a mi casa no descansaré hasta que no haya tejido la toca más hermosa que jamás se haya visto".

No hizo caso a sus amigas que la requerían para que se quedase a disfrutar de la fiesta y salió corriendo hacia su casa dispuesta a trabajar de firme y arreglar su falta.

Cuando entró en la habitación donde tenía los gusanos de seda, no pudo dar ni un paso, ya los gusanos, desplegados en varios grupos trabajaban en la confección de una toca. La pobre viuda, sólo podía dar las gracias a la Virgen mientras observaba el milagro que estaba ocurriendo ante sus ojos.

Cuando la romería terminó, todas sus vecinas y amigas se acercaron a ver por qué la pobre viuda había subido tan presurosa, y cuando llegaron la encontraron tendida de rodillas, y aun pudieron contemplar cómo milagrosamente los gusanos terminaban de tejer una cruz de seda amarilla que adornaba la parte delantera de la toca.

También ellas se arrodillaron en acción de gracias y, cuando la toca estuvo terminada, volvieron al Santuario de la Virgen de la Fuencisla, llevando, esta vez sobre unas andas y en procesión la toca confeccionada tan milagrosamente.

Las zamarriegas conquistan el Alcázar

Muy cerca de Segovia, en un mirador privilegiado sobre la ciudad, se encuentra Zamarramala, hoy en día barrio incorporado a la misma.

Existe en esta localidad la tradición de que un día al año, el día de Santa Águeda, las mujeres tomen la Vara de Alcaldesa y sean ellas quienes manden. Así será hasta el fin de los tiempos.

Y así es como la leyenda cuenta su origen. A principios del siglo XI, la ciudad y el Alcázar se hallaban en manos de los moros y los pocos hombres que quedaban eran o muy ancianos o casi unos niños, ya que la mayor parte de ellos se encontraban luchando contra el invasor.

Era la víspera de Santa Águeda cuando las mujeres de Zamarramala se conjuraron para arrebatar la fortaleza al invasor. Al día siguiente, todas las mujeres estaban dispuestas a acudir, pero fueron finalmente las casadas quienes decidieron asumir el riesgo.

Las zamarriegas, engalanadas con sus mejores trajes y joyas y valiéndose de su gracia en el baile y de su hermosura, entretuvieron a la guardia de la fortaleza, que abandonó sus puestos para admirarlas; momento que fue aprovechado por los hombres para penetrar en el Alcázar y reducir a los "embobados" defensores.

De repente, sin saber cómo, los soldados estaban maniatados mientras en lo alto del Alcázar ondeaba ya la bandera cristiana, y las campanas de Zamarramala tocaban a Gloria.

A partir de entonces, el Alcázar volvió a manos de Alfonso VI y Zamarramala obtuvo el privilegio de ser guardián único del Alcázar para todos los tiempos.

El convento de la Victoria

En lo que un día fue el Palacio de Doña Mencía del Águila, en los tiempos en que reinaba Alfonso XI, se estableció la Comunidad de Religiosos de San Francisco de Paula, más tarde conocidos vulgarmente como Padre Misioneros de la Victoria. Este convento estuvo allí hasta que la exclaustración dio al traste con las órdenes religiosas en el 1837. El edificio se acondicionó para nuevos usos y la que había sido casa de Dios, pasaría a ser un Teatro.

Cuentan aquellos que lo vieron como allá por los años 1840 estaban varios albañiles subidos a un andamio intentando desmontar una Virgen que se hallaba colocada sobre la puerta de entrada del que había sido Convento de la Victoria. Les estaba siendo muy difícil ya que no conseguían asegurarla bien par bajarla de su pedestal sin que sufriera daño alguno.

Un sacerdote que pasaba por allí les dijo:

-" Echarla una soga al cuello y tirad. La Virgen caerá por su propio peso"

Los albañiles se quedaron perplejos por estas palabras. Ellos pensaban que la imagen de la Virgen había de ser tratada con un mayor respeto.

Pero la sorpresa fue aún mayor, cuando a los pocos días vieron que al pasar el mismo clérigo enfrente del lugar donde la imagen estaba situada, cayó al suelo de repente. Igual que si le hubiera caído un rayo. No se levantó más.

Quienes supieron de su fallecimiento lo atribuyeron a un castigo divino, por haber aconsejado a los obreros que tratasen con tan poco respeto a la imagen de la Virgen.

El Cristo de los Gascones

Corría el siglo XII cuando en un campo lejano de algún país de Europa, un batallón de soldados gascones y alemanes, se disputaban un botín muy especial. Se trataba de un Cristo que había sido encontrado a las afueras de un pequeño pueblo. Era un magnífico Cristo Yacente de madera, que estaba tan bien hecho que de verdad parecía un muerto tendido en un campo de flores.

Soldados gascones y alemanes se peleaban por su posesión, pues ambos deseaban que descansara en su patria. Sin embargo, un pobre niño, paje de un importante mando militar, rezaba, pidiéndole a Dios que hiciera lo posible por parar la pelea y solucionar aquel desagradable problema.

Entonces, una mula que llevaba varios días deambulando por el campamento, se acercó corriendo hacia el Cristo y el niño, como queriéndoles decir algo mientras se agachaba señalando hacia el Cristo. Entonces, el niño se dio cuenta de que lo que la mula quería era que la pusieran el Cristo encima.

Así lo hicieron y, dándole escolta, siguieron a la mula hasta que ésta les indicara donde debía quedarse el Cristo.

De este modo estuvo la mula varios días, hasta llegar a una ciudad, en el centro de España. Al llegar a la pequeña iglesia románica de San Justo, la mula empezó a resoplar y cayó muerta al suelo, doblando sus patas para que el Cristo no sufriera ningún daño. Allí era donde el Cristo quería vivir. Las campanas repicaban sin que nadie las voltease, y los vecinos del barrio dejaron sus labores artesanas para dirigirse al atrio de la iglesia para ver lo que estaba ocurriendo.

Los soldados gascones y alemanes decidieron entonces que el Cristo se llamaría como la gente le había llamado cuando se encontraba con ellos: el "Cristo de los Gascones" y habitaría en esa iglesia hasta el final de los tiempos pues así lo había decidido Él mismo.

Así fue como el Cristo de los Gascones se quedó para siempre en la iglesia de San Justo, y los Viernes Santos, sale en procesión por las calles de la ciudad. Antes los caballeros le hacían escolta vestidos con sus brillantes armaduras, pero por desgracia, con el tiempo, esta costumbre se ha perdido.

El Cristo sigue con nosotros, derramando sus bendiciones, y en torno a él se formó una de las cofradías más antiguas de Segovia, que existe desde 1700 con el nombre de la Santa Esclavitud, más tarde se unió a la del Santo Entierro, llamada popularmente, la de la Curia Segoviana.

El emplazamiento de Juan II

Murió Don Álvaro de Luna en Valladolid, el 4 de junio de 1453 por orden del que había sido su gran amigo, el Rey Juan II de Castilla. El monarca, que había estado aquellos días en la ciudad de Valladolid, decidió salir hacia Segovia para no presenciar la ejecución.

Al atardecer de aquel día, hora en que llegó Don Juan a Segovia, se desencadenó una gran tormenta que duró muchas horas.

Alojado en el Alcázar, pensaba tristemente en el trágico final de su querido amigo y servidor, sintiéndose culpable por haber firmado la autorización para que éste subiera al cadalso. De pronto, un rayo cayó en el Alcázar y el Rey, sobrecogido de miedo, cayó desvanecido al suelo, siendo muy difícil para sus servidores hacer que volviera a recobrar el sentido.

Los más supersticiosos cuentan que el monarca se había desvanecido ante la impresión que le produjo el hecho de ver el fantasma de su amigo Álvaro de Luna emplazándole a acompañarle en el plazo de un año.

Sea cual fuese el motivo de aquel desvanecimiento, lo cierto es que Don Juan, debió enfermar de melancolía al haber perdido a su más fiel compañero.

Después de unos meses se dirigió a Medina del Campo, donde se encontraba su esposa, la Reina Isabel, buscando algún remedio para su enfermedad pero no hallaron solución a sus males. Finalmente, moriría el día 21 de junio de 1454 a la edad de 49 años cumpliendo las predicciones que había hecho el fantasma de su gran amigo: Don Álvaro de Luna.

La Vera Cruz y las Chovas

Este templo, fundado en 1208 por un grupo de caballeros templarios, se encuentra situado a las afueras de la ciudad de Segovia, junto al sinuoso camino que sube hacia Zamarramala. Recibe su nombre por el hecho de haber guardado en su interior durante años un trozo de la Cruz de Cristo, que años más tarde se subió a la iglesia de Zamarramala.

Una preciosa tarde de primavera, los Caballeros templarios, cabalgaban velozmente por una empinada cuesta para defender la Vera Cruz de una pandilla de bandoleros que pretendían asaltarla.

Tras vencer a un par de hombres que vigilaban el camino, los caballeros se dirigieron a la puerta de la iglesia para evitar que entrara el resto de asaltantes. Tras un breve combate, los bandoleros huyeron despavoridos.

Pero el más valiente de los Caballeros, había quedado herido de muerte. El pobre hombre esperó a morir justo en el momento en que el Prior de los monjes que habitaban en la Veracruz, escuchó su petición de perdón y le dio la absolución.

Uno de los caballeros templarios pidió al Padre Prior que velaran el cadáver de su compañero pues debían avisar a la familia y preparar el entierro. El prior accedió y acto seguido, los frailes, corrieron a preparar la Iglesia para el velatorio. El caballero muerto estuvo pronto tendido en el Altar Mayor entre enormes cirios. Su cuerpo estaba colocado sobre un bello plano negro y dorado. Los frailes a su alrededor rezaban encomendándole a Dios.

Uno de ellos decidió abrir las ventanas para renovar el cargado aire de la iglesia. A continuación se marcharon los monjes a la clausura para tomar un refrigerio antes de empezar la vela del cadáver que no se interrumpiría en toda la noche.

Cuando volvieron, los religiosos no daban crédito a lo que veían sus ojos. El caballero muerto ya solamente era un esqueleto, cubierto de negras chovas que se habían introducido por los ventanales.

El Prior, horrorizado, subió al púlpito y con voz firme dijo:

-"¡Yo os maldigo, repugnantes pájaros, por haber profanado este sagrado lugar! Y en castigo ni vosotros ni vuestros descendientes podréis posaros jamás sobre esta Iglesia"

Esta es la explicación de porqué nadie ha visto ni verá jamás a estos pájaros posados en el tejado ni en la torre de la Veracruz.

 

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SEGOVIA EN LA LITERATURA

Segovia no ha sido tierra pródiga en escritores ni motivo de inspiración para grandes obras literarias pero su presencia, y la de sus gentes, es una constante en las letras españolas.

Alfonso X el Sabio recogió alguna de sus leyendas en el libro "Cantigas de Santa María"; el vitalista y animoso Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, la eligió como meta de uno de sus viajes; y los novelistas del Siglo de Oro Español, Miguel de Cervantes, Castillo Solórzano, Jerónimo de Alcalá Yáñez y Francisco de Quevedo, de sus calles sacaron pícaros y demás pintorescos personajes como Rinconete y Cortadillo, el Bachiller Trapaza, Alonso el Donado Hablador, el Buscón Don Pablos o el Dómine Cabra, protagonistas de sus novelas.

Pero los escritores españoles tardaron en sentir la atracción del paisaje y sólo leyendo entre líneas alcanzamos a entrever las emociones que Segovia pudo despertar en alguno de ellos.

A Francisco de Quevedo debió impresionarle vivamente: "En estas pláticas vimos las casas de Segovia y a mí se me alegraron los ojos". Para Lope de Vega, un monumento como el Acueducto -la puente- sólo debió ser pretexto para unos versos retóricos: "Oh, tú, que entre peñascos blando Eresma / parece que te agobia / el peso de la puente de Segovia".

El mejor canto a la ciudad, sintetizado en sus tres mayores motivos de orgullo -la industria pañera, el Acueducto y el pinar de Valsaín- , salió de la pluma del poeta épico Bernardo de Valbuena: "Esta es Segovia, donde la fineza / de Aracne en sus vellones más se apura; / y aquella la real puente de Trajano, / y el Balsahín, o paraíso humano".

Con el siglo XX, y de la mano de los escritores de la generación del 98, vendría una nueva sensibilidad ante el paisaje y el descubrimiento de Segovia como motivo literario. "Como la sobre el cáliz verde veíase el pueblo", escribía entusiasmado Pío Baroja al contemplar desde la Vera Cruz cómo Segovia "se destacaba sobre la masa verde de follaje, contorneándose, recortándose en el cielo de acero y ópalo".

Miguel de Unamuno elogió gratamente al monumento que permanece, pasados los siglos, como símbolo inamovible de nuestra ciudad con las siguientes líneas: "Esas piedras, amontonadas tácticamente sin argamasa alguna, achaflanadas por aguas y soles y vientos de siglos, conservan su individualidad cada una de ellas y son como otros tantos soldados en orden de batalla quieta..."

Otro ilustre de nuestras letras que con sus palabras trazó un bello retrato del perfil de la catedral segoviana fue José Ortega y Gasset, ante quien la ciudad se extendía de la siguiente manera: "A la mano siniestra, allá lejos, navega, entre trigos amarillos, la catedral de Segovia, como un enorme trasatlántico místico que anula con su corpulencia el resto del caserío. Tiene a estas horas color de aceituna, y por una ilusión óptica parece avanzar hendiendo las mieses con su ábside. Entre sus arbotantes se ven recortes de azul, como entre las jarcias y obenques de un navío..."

Ramón Gómez de la Serna sintió la fascinación del Acueducto, al que dedicó una novela en la que fue desgranando la espléndida serie de pequeñas que dedicó al Azorín, que sintió en Segovia la acción de su novela "Doña Inés", que le debe las más brillantes descripciones que se han hecho de ella: "En la visión que el viajero se forma de Segovia, rebullen en caos magnífico todos los monumentos de la ciudad. La mente se llena de palacios, capillas, arcos, capiteles, rejas, ventanas, torres, retablos... La imaginación, deslumbrada, en horas de recuerdo va de una maravilla a otra. No podemos poner al pronto orden y sosiego en la admiración".

En María Zambrano, Segovia, vivencias de la niñez evocadas desde el exilio, deviene etérea: "Una esfera cristalina contiene la ciudad sin presionarla ni sustraerla su destino humano. Un cristal que se siente formarse por la luz y por la pureza del aire. Y cuando es de noche, aún oscura, se siente el cristal, como si a esa altura comenzara la región del universo en que la tierra termina y el cristal comienza, frontera entre dos materias".

Pequeña representación de cuantos evocaron a Segovia a través de sus palabras son estos fragmentos de algunos de nuestros más afamados literatos que con estas líneas buscaron retener a Segovia en la memoria de cuantos acercan a ella su mirada.

 

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Comentarios (1)  

 
0 # 06/10/2014 16:36
Buenas tardes
Estaremos en Segovia la tarde del 10, el 12 y 13 de octubre por lo que nos gustaria que nos dijeran què podríamos ver para sacar provecho al poco tiempo disponible.
Muchas gracias
 

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