En estos días de recogimiento en casa nos gustaría compartir con vosotros este precioso cuento de Leo Leoni. Si os emociona la historia, recordad que Frederick habita muy cerca de nosotros, en la puerta de Santiago que acoge la Colección de Títeres del maestro Francisco Peralta (titeres.turismodesegovia.com). Nos vemos pronto.

 

Frederick, Leo Lionni

Hace algún tiempo, en un prado donde pacían las vacas y trotaban los caballos había un viejo muro hecho de piedras, y se encontraba muy cerca de un pajar y un granero.

En aquel muro tenía su hogar una parlanchina familia de ratones.

Los granjeros se habían marchado y el pajar estaba abandonado así que el granero estaba vacío. Y, como el invierno, no andaba muy lejos, los ratoncillos se pusieron a recoger, el maíz, las nueces, el trigo y al paja.
Todos trabajaban día y noche. Todos menos Frederick

«Frederick», ¿por qué no trabajas?, le preguntaron.

«Yo trabajo·, dijo Frederick.

«Recojo los rayos de sol para los fríos y oscuros días de invierno.

Y cuando vieron a Frederick, mirando el prado y sentado, le dijeron:

«¿Y ahora Frederick?»

«Recojo colores», dijo Frederick, «Para el invierno gris»

Y una vez que Frederick , parecía dormido.

«¿Estas soñando Frederick?» le preguntaron con un cierto reproche

Pero Frederick dijo: » Oh, no. Estoy reuniendo las palabras porque los días

de invierno son muchos y largos y se agotarán las cosas de que hablar.»

Los días de invierno llegaron, y, cuando cayó la primera nieve, los cinco

ratoncitos se instalaron en su escondite entre las piedras.

Al principio había raciones para comer todos, y los ratoncitos contaban

historias de zorros y gatos mentecatos. Era una familia feliz.

Pero poco a poco, habían roído la mayoría de las nueces y bayas, la paja se

fue, y el maíz solo era un recuerdo. En el muro hacia frió y nadie sentía

ganas de charlar.

Entonces se acordaron de lo que Frederick había dicho sobre los rayos de

sol, los colores y las palabras.

«¿Qué hay de las provisiones Frederick?

«Cerrad los ojos», dijo Frederick, mientras se subía en una gran piedra.

«Ahora os envío los rayos de sol. Sentid su dorado resplandor..»

Y a medida que Frederick hablaba del sol, los cuatro ratoncitos volvían a

sentir su tibieza. ¿Era la voz de Frederick?¿Era magia?

«¿Y qué hay de los colores, Frederick?» preguntaron ansiosamente. «Cerrad

los ojos otra vez» dijo Frederick. Y cuando les habló del azul flor

pervinca, de la amapola roja entre los trigos amarillos, de las verdes

zarzamoras florecidas, ellos veían los colores con tanta claridad como si

estuvieran plantadas en sus mentes.

«¿Y las palabras Frederick?»

Frederick aclaró su garganta, esperó un momento, y entonces, como desde un

escenario, dijo:

¿Quién esparce los copos de nieve?

¿Quién derrite el hielo?

¿Quién estropea el tiempo?¿Quién lo hace bonito?

¿Quién hace brotar en Junio la cuarta hoja de trébol?

¿Quién nubla la luz del día? ¿Quién enciende la luna?

Cuatro ratoncitos de campo, que viven en el cielo.

Cuatro ratoncitos de campo, como vosotros…y yo.

Uno es Ratóptimavera, que danza en el aguacero.

Viene entonces el Verano, y pinta en las flores.

Otoñoratón le sigue, con trigo y castañas.

Y el último es Invierno. con fríos piececitos.

¡Tenemos suerte de que las estaciones sean cuatro!

¡Pensad en un año con una de menos…o una de más!

Cuando Frederick terminó, todos le aplaudieron.

«Pero, Frederick, le dijeron.»¡Tú eres un poeta!»

Fredrick se ruborizó, hizo una reverencia y dijo tímidamente: «Ya lo sé.»